Mi pacata Clara se puso oscura. Y no conmigo (pt 1).
Diez y ocho años de matrimonio con Clara, mi bellísima, sexie pero mojigata esposa era toda una vida que ya estaba sientiendo perdida.
Si, me casé enamorado sabiendo lo pacata y conservadora que fue durante los 2 años que duró nuestro noviazgo. Enamorado e ilusionado, pobre de mi, presumiendo que una vez que hayamos formalizado legalmente nuestro vínculo Clara tomaría una actitud menos timorata y con mis relatos morbosos, dia tras dia, concretaría, alguna vez que semejante mujer, de físico perfecto, de rostro estéticamente simétrico, con una piel cuya tersura y aroma hipnotizaba a santos y diablos. ¡Y ni hablar de sus atributos que solo podían apreciarse en la desnudez, que tanto le costaba! Unas tetas turgentes, con 2 pezones pequeños, perfectamente redondos y amarronados, un culo... ¡por favor! Un culo de ensueño, piernas largas y torneadas que alojaban rodillas arriba la concha más rica, pulcra, de labios rosados y clítoris a la vista.
Pero Clara, con todo ese arsenal, padecía de una timidez que me exacerbaba. Traia consigo un trauma que le provocaba el rechazarme casi toda situación relacionada con lo sexual. Y hablo de sexo tradicional, mis amigos. Nada de chupármela en el auto, o cojer en una terraza, o escaparnos en una fiesta cualquiera y hacerlo bien sucio mal escondidos en el estacionamiento o en el baldío de enfrente. Por el solo hecho de mover la líbido, provocarnos adrenalina, excitarnos con lo prohibido. Nada.
"Hacíamos el amor" como ella aniñadamente solía denominar el hecho de garchar alguna vez por mes, yo esforzándome para que acabe y cuando lo conseguia -con mucha paciencia y trabajando mucho ya que su cabeza siempre jugaba en contra- ahi, sientiendo algún mínimo logro dejaba salir mi wasca. Nunca dentro suyo. Nunca entre sus tetas magníficas ni en su orto de modelo porno, mucho menos en su boca. O con el forro puesto, o en el piso.
Las pocas veces que me permitió "hacer el amor" (puaj) sin cuidarnos, fue entre el 6to mes y el año de casados ya que su aspiración máxima, era formar una familia -ya me tenía como marido- y el corolario era ser madre. "En mi casa me educaron de esta forma, Luis" solía decirme. "Una mujer no está completa si no cumple el deber de ser madre".
Si, amigos. Todos los cliché de una chica criada a la antigua. Sus progenitores eran muy mayores, Clara era la menor de cuatro hermanos los que por su edad podrian ser sus padres. Cuando la conocí tenía 19 años y era virgen. De esto, casi veinte años. Su hermano mayor, Humberto le llevaba 26 años, el segundo, al que no tuvieron mejor idea que llamarlo... "Segundo" tiene 24 más que mi mujer y el que nació antes que ella, Heriberto, lo hizo 22 años antes. Su papá, Don Eustaquio está por cumplir 88 mientras que Genoveva, su madre porta 86. Ambos vivieron toda su vida en el campo, en un pueblito de la Pampa y recién se mudaron a la Capital recién cuando Don Eustaquio y Doña Genoveva se jubilaron y se dieron el gusto de presenciar el casamiento de Heriberto, quien residía en el barrio de Flores y a los 39 al fin dió el si. Por civil y por iglesia. Porque asi era el mandato familiar que yo, obviamente, tuve que soportar. ¡Yo! ¡Ateo de pura cepa cediendo a la necesidad de Clara pensando que así, obsequiándole semejante renuncio, iba por fin a conseguir que confiara en mi y poco a poco martillar esa infumable pacatería!
Pero no.
Clara y yo fuimos papás al año y medio de casados de un hermoso varón, Hernán, que, gracias a quien sabe quién tiene más de ella que de mi. Yo soy alto, pintón, morocho de ojos marrones. El "Pichu" que así le decimos es blanco como su madre, de ojos verdes como ella, alto y esbelto a pesar de sus diez y siete años recién cumplidos.
"Pá, má" Pichu interrumpió mis cavilaciones sobre lo frustrado que me sentía con la mojigata de Clara. "Hoy a las 19 vienen los chicos a hacer unas tareas y se me ocurrió que podían quedarse a cenar. A Fede los padres le prestan el auto asi que él puede llevar al Chino y a Andrés tras la cena". "Dale, mi amor. Les cocino unas ricas milanesas con papas fritas" respondió la mamá perfecta. Yo solo asentí con la cabeza pensando en la botella de tinto que tomaría solo pues Clara no probaba una gota de alcohol y almorzaba y cenaba con agua. "Má" agregó Hernán "Fede me dijo que traería unas birras ¿vos tenés problemas?". Mi mujer me miró como si nuestro hijo fuera un extraterrestre buscando en mis ojos una mirada cómplice que se sume a su negativa. Pero no lo consiguió. "Por mi no hay problemas, Pichu. Ya tienen 17 años, y seguro que no solo toman cerveza, alguno de tus amigos hasta debe fumar ¿no?". Clara me miraba horrorizada. "Si, pa. El Chino y Andrés, a veces pero Fede siempre tiene su atado de Marlboro en un bolsillo interior de su campera". Clara se movía nerviosa, de un lado a otro, hasta que finalmente, no obteniendo un socio que le haga la gamba para escupirle un rotundo "No, Hernán. Sos muy chico para el alcohol. ¡Y cigarrillos! ¿Donde hemos llegado?" -que seguro era lo que pensaba que ambos le diríamos a nuestro hijo- solo balbuceó mientras se dirigía a la cocina "Ya son las 18, voy a empezar a preparar las milanesas, pelar las papas y demás". Su voz sonaba derrotada.
Miré a mi hijo y le guiñé un ojo y él me sonrió, cómplice y agradecido.
Sin hablar con mi esposa, fui a la bodega, tomé un rico Malbec, una copa, lo descorché y me dirigí al jardín. A pesar de la fecha -mediados de agosto- la tardecita estaba placentera. Me senté en una silla de playa, armada al lado de nuestra pileta y le di el primer sorbo al tinto. Ah. ¡Que pena no tener una esposa compinche que sea bien trola, que tome vino conmigo, mientras ahi a metros de nuestro hijo -que miraba no se que cosa en YouTube en el Smart- me manoseara la pija y me dejara besarle los pezones.Clara tenía todo. Pero era solo la cáscara. Por dentro moraba casi una monja, una persona plagada de escrúpulos moralinos.
Sorbo a sorbo, en mi soledad, detrás de un viejo, alto y macizo eucaliptus que servía de sombra aliviadora en el verano, el tiempo pasó hasta que sentí el timbre y el alboroto propio de 3 adolescentes que llegan a la casa de un 4to que los esperaba feliz porque su padre, yo, le había dado via libre. Clara salió de la cocina, secándose las manos con un repasador y saludó a cada compañero con un beso en la mejilla. Conocíamos a Fede, el Chino y Andrés porque los cuatro son compañeros de colegio desde que con Hernán tenían 10 años, asi que mi mujer era como una madre para ellos. Escuché la voz mandante de Fede "Pichu, llevá este pack de birras a la heladera, ¿dale?". Yo estaba a escasos metros, pero ellos no me habian visto. Cuando Hernán los dejó solos escucho claramente como el que indudablemente era el capo del grupo, Federico, les decia por lo bajo al Chino y a Andrés "Locos ¿vieron que Clara cada vez está más buena?". Me quedé sorprendido, en silencio. "Si, boludo" respondió el Chino. Fede agregó "A esa mujer los años la ponen cada vez mas perra". Y remató "Yo le tengo reganas. Una vez consegui convencer a Hernán que le saque una foto mientras ella se duchaba y me la mandó. Desnuda es un infierno. ¡Le dediqué como 10 pajas!" Los otros dos rieron y yo no salía de mi asombro. La mojigata de mi esposa calentando a 3 imberbes y encima con la complicidad de mi hijo. Fede afirmó "Yo pasado mañana cumplo 18 años. Les apuesto lo que quieran que va a ser mia como regalo de cumpleaños."
Mientras Clara servia una milanesa en cada uno de los 4 platos de mi hijoy sus 3 amigos, tomé el último vestigio del malbec fui a la cocina, tiré el envase vacío al tacho de basura y fui nuevamente a la bodega por una segunda botella. Estaba entonado y quería estar aun más porque deseaba ver la escena que Fede había imaginado en su cabeza: seducir a mi esposa.
Continuará....
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