La conversión de Mariana (pt.11)
Su madre, Marisa, se empachó de pija y leche de Darío por lo menos 90 minutos y Mariana la vió salir de la oficina de su compañero/pervertidor pasándose la mano por la boca como limpiándose el fruto blanquecino que había tragado pero también resoplando su nariz en claro gesto de la merca que había estado tomando. Cuando la saludó con un abrazo y un beso olia a trola, a sexo, a transpiración, a pija, a mujer caliente...
Mariana, como le venía ocurriendo desde que Darío le abrío las puertas de su turbio infierno, se dividía en dos sentires. La culpa de sus acciones más el malestar por saber realmente los secretos morbosos de su madre lo que contrastaba con el placer por semejante plenitud de saberse tan puta y merquera, tan infiel e inmoral y que encima lo compartía con Marisa, la mujer que le dió la vida y por quién Mariana tenía como algo cercano a una pacata.
Eran las 12 del mediodía. Faltaba una hora para cortar el dia, pero Johanna no quiso esperar más. "Loca. Vamos ahora. El jefe está de viaje asi que si aprovechamos, hasta el regreso vamos a tener casi 5 horas para charlar. Y tengo el presentimiento de que es mínimamente el tiempo que vas a tener que usar para aclararme todo." Mariana le pidió 2 minutos. Tomó su cartera, entró al baño con la excusa de acomodar su pelo y su rostro y al mirarse al espejo recordó que no dormía hacía un dia y medio. Armo una linea del tamaño de un dedo meñique masculino y la disfrutó completa mientras la aspiraba y sentía como el polvillo entraba en en ella... tomó su saco y rumbeó hacia la puerta de salida en donde la aguardaba su compañera.
Bajaron por el ascensor sin hablar una palabra pero nuestra protagonista sentía como dos láseres la perforaban. Eran los ojos de Johanna a la que veía en parte enfurecida y también ansiosa de curiosidad.
A dos cuadras había un barcito al que ambas habían ido un par de veces a comer algo y charlar asi que Joha la tomó del brazo con fuerza casi obligándola a dirigirse a ese destino.
El negocio era pequeño, pero estaba vacío. Se sentaron lejos de la barra y Johanna atacó sin esperar. "Te conozco mucho Mariana. Siempre prolija, seria, distante y fría con las cosas que no te son propias. Pero hace unos dos meses te desconozco. Llegás tarde, no hacés ni la mitad de tus tareas, te encerrás en la oficina de Darío, un flaco al que practicamente ignorabas y salís moqueando, con la ropa desarreglada, te vas antes... y estoy haciendo que no recuerdo muchas cosas más. Quiero saber todo".
Mariana tragó saliva y le contó. Sin saltearse una acción de las vividas, reconoció que Darío fue capaz de hacerle hacer un click en su cerebro que la cambió por completo y que no solo no estaba ni arrepentida ni culpable: al fin sentía que era ella misma. Johanna la miraba sin perder detalle y aunque estaba sorprendida e impávida sintió su concha humedecerse. Su compañera, que estaba queriendo ayudarla con esa charla notó que se le dió vuelta el propósito ¿cómo? ¿Sentía el deseo de ser Mariana? "¿Que te pasa, Joha?" le preguntó. "Estabas como enojada, curiosa, ansiosa pero ahora te noto... ¿pensativa?". Su compañera fue directa. "Necesito acompañarte.¿Con Darío? ¿Con Julián? No se: me dieron enormes ganas de ser tan puta como vos. Estoy toda mojada, hija de una mierda. ¿Tan caliente me pudiste poner al contarme todo eso?".
Mariana se sentía empoderada. En una hora de minuciosa confesión, revirtió una crítica, un reto, un reproche cantado de Johanna, su compañera y amiga y lo transformó en deseo, calentura, curiosidad. Pidieron dos whiskies, para sorpresa de la camarera, por la hora temprana. "Agarrá tu vaso y vamos al baño" casi le ordenó Mariana a su asombrada compinche que la siguió casi hiponotizada. El baño estaba vacío, pero poco le importaba a nuestra heroína si hubiese estado repleto: su decisión y seguridad movían todo su accionar.
Armó 4 rayas en la mochila del inodoro y se jaló una. "Tomate una vos, dale, Joha" y le pasó el tubito armado con un billete. Johanna, sin ningún temor y repleta de deseo aspiró toda la merca y se sintió cojida por la mejor verga, como si un litro de leche de macho, espesa y rica, la inundara toda. "Quiero la otra, Marian, por fa" le suplicó y al verla asentir con la cabeza, su amiga se tomó su segunda línea de merca. "Dios" gritó al aspirarla toda "¿Cómo no me ofreciste antes, guacha, egoísta?" y las dos rieron. Mariana notó que Johanna quería más asi que primero le preguntó "¿Te hace bien?". "¿Bien?" respondió su compañera "Tengo la concha más mojada que si estuviera Brad Pitt en pija esperando que se la mame". Mariana no demoró "Dale. Terminala". Y Johanna tomó su tercera raya de cocaína y empezó a sentirse con ganas de cojer, de una pija o de una concha. Estaba confundida, quería carne húmeda de ser humano, la que sea. Y ahi estaba Mariana. Tan buena, tan sexual, tan puta. Le tomó los dos cachetes y le estampó un beso con lengua al que su compañera acompaño de muy buena gana, mientras pensaba: tanta locura, pero hasta ahora ninguna experiencia lésbica.
"Loca" gimió desesperada Joha "quiero que me garches. Por favor. Ahora. Tus relatos ya me tenían empapada y tomar esta pócima mágica me empujó. A las 16 abre la oficina. Mirá la hora: casi las 14. No doy mas. Tengo la tanga que es una pileta...". Mariana no tenía idea adonde ir. ¿Un telo? No conocía ninguno. "Vamos a la oficina" le pidió Johanna. Se tomaron el whisky de un trago, pagaron en la barra y corrieron las dos cuadras que separaban el barcito con el trabajo de ambas. Mariana puso la llave y notó que la puerta, que no podía abrirse desde afuera, estaba sin cerrar. ¿Habría alguien dentro? Una mezcla de calentura, morbo, curiosidad y deseo la envolvía.
"Vení conmigo". Johanna la tomó de la mano y subieron al ático, un sector que se usaba de depósito, solo que no tenía puerta. Pero era seguro: nadie tenía la costumbre ni la necesidad de ir ahi. Johanna estaba sacada. Se bajó el jean y Mariana apreció un enorme lamparón de humedad en casi toda su tanga. En segundos su compañera estaba desnuda pero antes de comenzar el choque y goce de cuerpos le advirtió, como si se disculpase "Marian. Estoy saliendo con un español quien se calienta si no me depilo las axilas" dijo mientras levantaba sus dos brazos dejando ver unos hermosos pelos rubios. "¿Te jode?". Mariana sintió que todo iba en la misma dirección: cada vez más turbio, sucio, oscuro. Su respuesta fue tomarla con ambas manos de sus muñecas dejándoselas levantadas mientras le chupaba, caliente y desquiciada, los sobacos peludos. "Aghhh, ahhh... me encanta, amiga... estoy que me empapo toda" gemía Johanna. Sus axilas sin depilar estaban riquísimas. Transpiradas por la calentura, con un olor a hembra puta que volvía más caliente a Mariana, quien se detuvo un momento, tomó un diploma de su jefe, encuadrado, y en su vidrio tiro como 1 gramo de merca. Ni se preocupó en peinar unas líneas. Tomó el billete enrollado y le dió dos jaladas mientras Johanna le chupaba sus hermosas tetas. Mariana estaba dispuesta a ser la pervertidora absoluta de su hasta hace un rato inocente e indignada compañera. "Desvestime toda, puta." le ordenó. "Pero primero, vení: aspirá". Y ahi fue, caliente como una brasa, completamente desnuda y obediente su compañera. Hundió el billete y le dió una devorada a tal enorme montaña blanca. "Ahhhhhhghhhhhhhhhhhh" gimió cuando la merca invadió todo su ser. Temblando desnudó a Mariana y asi quedaron las dos sin nada de ropa. "Mi Dios, Marian. Que buena estás. La puta madre. Con razón todos en la oficina te quieren garchar." Mariana sintió orgullo por ser tan deseada. Se sentó en un escritorio con las piernas abiertas. Su concha chorreaba fluidos. Seguro ya había tenido algún orgasmo. "Chupamela toda, trola, merquera, reprimida". Esas palabras excitaron sobremanera a Johanna y como una posesa se zambulló en la entrepierna de semejante hembra. Perfecta. Puta. De aroma rico y piel para ser amada. Su lengua comenzó por los labios exteriores de su vulva pero no se hizo esperar: en segundos comenzó a chupar su clítoris, rosado, de tamaño perfecto. Todo en Mariana era perfecto. Mientras Johanna le mamaba la concha, Mariana empezó a gemir, cerró sus ojos y su cabeza sucumbió a la ley de gravedad, cayendo hacia atrás....
Fue en ese instante que una voz conocida irrumpió la intimidad de ambas. "Ufff. Asi da gusto venir a trabajar más temprano...."
continuará
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